Sobre la violencia escolar en Chile
Dr. Roberto Castro Boniche
Corporación Educacional Castro Boniche
02.04.2026
La muerte de la Inspectora en el Instituto Obispo Silva
Lezaeta de Calama es un hecho lamentable y un fuerte llamado de atención sobre la creciente violencia en los
establecimientos educativos de Chile. Este incidente, es calificado como el hecho más grave de
violencia en la educación chilena y refleja
la urgencia de abordar la seguridad y el bienestar de la comunidad educativa.
Posterior a ello, en varias escuelas del país, se han producido incidentes
con armas y amenazas de tiroteos. El caso del estudiante de Calama no es un
caso aislado: hijo único de madre separada, con diagnóstico de autismo grado 1,
depresión, ansiedad y esquizofrenia, repitente de 4° medio, en una escuela
católica particular subvencionada sin Programa de Integración, sin
acompañamiento ni apoyo para estudiantes con NEE. En el caso de Calama, una
víctima que no fue protegida ni apoyada, se convirtió en victimario.
La violencia escolar no es un
fenómeno aislado, sino un reflejo de la sociedad en la que vivimos. La falta de
diálogo, la intolerancia y la normalización de la violencia en la vida diaria
contribuyen a la escalada de incidentes en los colegios. Es fundamental
reconocer que la Escuela es
un espacio de formación y crecimiento, no un lugar de miedo o peligro.
Las Escuelas reciben conflictos que no nacen de ellas, violencias socioeconómicas, problemas de
salud mental, tensiones que vienen de otros ámbitos. Aún así, se les exige que
resuelvan todo: convivencia, bullying, emociones, diversidad sexual, racismo,
redes. Sin tiempo, sin equipos, sin recursos económicos suficientes. No es lo
mismo culpabilizar a la Escuela que preguntarse como la fortalecemos. La
Escuela, muchas veces, es el último espacio donde algo de lo común todavía se
sostiene. Defender la Escuela es reconocer su potencia, pero también sus
límites.
Entre las causas y consecuencias
de la Violencia Escolar se
encuentran:
- Falta de apoyo emocional y
psicológico: Los estudiantes enfrentan desafíos emocionales y psicológicos que
no siempre son abordados adecuadamente, como el aislamiento, desborde, abandono emocional y pérdida de identidad
y sentido.
- Desigualdad y exclusión: La
violencia escolar puede ser una manifestación de la desigualdad y la exclusión
social.
- Falta de comunicación efectiva:
La descalificación, la falta de
empatía, falta de diálogo y comunicación entre estudiantes, profesores y
apoderados puede contribuir a la violencia.
¿Qué se puede hacer?
- Fortalecer la prevención y el
apoyo: Implementar programas de prevención y apoyo emocional y psicológico para
estudiantes y profesores.
- Mejorar la comunicación:
Fomentar la comunicación efectiva y el diálogo entre la comunidad educativa.
- Crear espacios seguros:
Garantizar espacios seguros y respetuosos para todos los miembros de la
comunidad educativa.
El Ministerio de Educación ha informado la aprobación de la nueva Ley de
Convivencia Escolar, que incluye revisión de mochilas y la instalación de
pórticos en control de acceso. Pero la ley debe esperar la emisión del
Reglamento de esa ley, que estará lista en abril de 2027. Además, está en
aprietos por disminuir su presupuesto en 3%. Son 500.000 mil millones de pesos,
equivalente al 50% de la alimentación de JUNAEB para estudiantes pobres o el sueldo de 38.000 profesores.
Cuando una crisis escolar solo se responde con control, inspección y
reacción tardía, el riesgo es evidente:
volver a actuar sobre la superficie sin comprender el origen del
desborde.
Se pretende abrir mochilas, pero no abrir el secreto bancario donde se
encubre el crimen organizado. Pueden revisar mochilas, pero no lo que un niño
viene cargando por dentro. Una mochila puede revisarse, una conciencia desbordada
necesita ser leída antes.
Se pretende instalar pórticos detectores de metales, pero no más libros en
las bibliotecas, más actividades deportivas y artísticas, actividades de salud
mental para los profesores en un contexto de naturaleza, donde en muchas
Escuelas son puro cemento y pasto sintético. Y menos actas y papeleos
administrativos que nadie revisa. Y lo más importante, dejar de competir. El
sistema educacional actual entrena a los estudiantes a que estudien por una
nota, por un premio y a los docentes a competir por el bono y eso rompe la
posibilidad de construir comunidad.
Es hora de reflexionar sobre cómo
estamos educando a nuestras futuras generaciones y de tomar medidas concretas
para crear un entorno educativo seguro y respetuoso para todos. La seguridad y
el bienestar de nuestros estudiantes y profesores deben ser nuestra prioridad.
