jueves, mayo 03, 2018

Aclaratoria Resolución Exenta Nº 467 del MINEDUC...


ACLARATORIA RES. EX. Nº 467 DE MINEDUC...

Estimados/as colegas: adjunto las siguientes notas aclaratorias a fin de facilitar la comprensión de la resolución exenta N° 467 emitida por el Ministerio de Educación la cual regula las jornadas de trabajo de educadores diferenciales.
PRIMERO: Esta resolución complementa la N° 1.628 que regula la distribución de horas lectivas y no lectivas en el marco de la implementación de la ley 20.903 (Ley de Carrera Docente). Es decir, con la resolución del 26 de enero se especifica cómo la normativa de horas lectivas y no lectivas debe entenderse en el sector de educación especial en Programas de Integración Escolar (PIE). En particular, se precisan los ART. 86, 89 y 94, del Decreto 170 a la luz de las modificaciones derivadas de la ley de carrera docente.
SEGUNDO: El documento que comentamos, en tanto Resolución Exenta, tiene carácter vinculante para los sostenedores; por consiguiente, están obligados a aplicar lo que se indica. Esto es importante, porque las Orientaciones Técnicas no tienen dicho carácter.
TERCERO: La Resolución N° 467, establece que la nueva normativa de horas lectivas y no lectivas debe aplicarse sobre el total de las horas de contrato que el docente posee. Vale decir, no existe diferencia alguna con los contratos de docentes de otras asignaturas. El cálculo debe aplicarse tal como lo define el Estatuto Docente. Una vez realizado este cálculo, se debe aplicar la normativa establecida en el Decreto 170/2009, determinándose las horas de apoyo distinguiéndose si el establecimiento cuenta con JEC o no.
CUARTO: Se establece que para el apoyo a los 2 estudiantes con NEEP por curso, se debe contemplar un rango entre 3 y 6 horas cronológicas semanales por cada estudiante. Esta sugerencia es lo mínimo de horas, pudiendo ser incluso más.
De estas horas que se asignan a los estudiantes NEEP, se establece que un MINIMO de 3 horas lectivas deben ser asignadas al docente de educación especial que pueden realizarse en aula común o aula de recursos.
QUNTO: Sobre el aula de recurso se señala que no es obligatoria. Será opción de cada establecimiento, considerando las evaluaciones sicopedagógicas del estudiantado y el PEI del establecimiento. Además, se debe contar con la autorización del apoderado y del estudiante.
SEXTO: Se deja en claro que las horas de apoyo del educador diferencial, realizadas tanto en Aula Común como en aula de recursos deben ser consideradas como horas lectivas y como tal deben ser consideradas en la proporción de horas lectivas y no lectivas del contrato del docente.
SEPTIMO: En caso que un establecimiento tenga la autorización para dar apoyo a más de dos estudiantes con NEEP por curso, se deben AUMENTAR proporcionalmente las horas cronológicas semanales de apoyo profesional, debiendo ajustarse la distribución horaria de los docentes.
OCTAVO: Todos los contratos de los educadores diferenciales deben adecuarse a la actual normativa de horas lectivas/no lectivas contenidas en la Ley de carrera Docente y en la resolución 476 y el Estatuto Docente. Si producto de esta nueva distribución de horas no se lograr cubrir, con los actuales contratos docentes, las nuevas exigencias, se debe: a) consensuar con el docente el aumento de su carga horaria, b) contratar a nuevos educadores diferenciales que abarquen las horas faltantes.
NOVENO: el ingreso de la información administrativa del PIE debe ser asumido de manera colaborativa por el conjunto de profesionales que participan del Programa, para lo cual cada establecimiento debe elaborar planes de trabajo delimitando tareas y funciones del conjunto de profesionales para cumplir con el ingreso de la información.
Fuente: http://steprovidencia.cl/web/aclaratorias-de-la-resolucion-exenta-n-467-mineduc/

martes, febrero 06, 2018

Libro "Historia de la Educación Diferencial... en Feria del Libro de La Serena 2018





Stand ULS

viernes, noviembre 24, 2017

Entrevista a Sergio Prenafeta

Sergio Prenafeta, pionero en la lucha por los derechos de los discapacitados: “Hablar de ‘capacidades diferentes’ es una forma de menear la cola para que no te la pillen”


Sergio Prenafeta es un periodista especializado en divulgación científica, pero también es conocido por su trabajo a favor de la integración de los discapacitados: impulsor de las primeras organizaciones familiares preocupadas por las personas con síndrome de Down, llegó a ser, treinta años más tarde, el Secretario Ejecutivo del Fondo Nacional de la Discapacidad (Fonadis, hoy Senadis), la primera institución estatal en hacerse cargo del tema. En esta entrevista cuenta cómo una suma de problemas personales y aislados se convirtieron en un verdadero problema colectivo que, por momentos, fue también un combate: “Muchas veces fuimos vehementes, y había que serlo”, sostiene. Aquí cuenta sus razones.

Nacido en Taltal, Sergio Prenafeta (78) viajó a Concepción para comenzar una prometedora carrera universitaria de periodista. Allí conoció a Ariela, su actual esposa, y tuvo con ella a su primera hija Tatiana, en 1963: “Éramos muchachos de 24 años, no sabíamos ni que existía el síndrome de Down. Empezamos a ver qué había, qué se hacía y no había nada. Ahí dije ‘me voy, en Concepción no tenemos ningún futuro con mi hija’.” Un año después, instalados en Santiago, crearon, junto a otros padres de niños con síndrome de Down, las primeras escuelas dedicadas a la educación especial de personas con discapacidades cognitivas. Basándose en la asistencia mutua, aprendieron de los logros de las organizaciones existentes, como de ciegos y de sordomudos, que también recibían el rechazo y la indiferencia de la sociedad. Para combatir esa adversidad, Prenafeta viajó de Arica a Punta Arenas visitando a discapacitados y a sus familias, para decirles: “Ustedes tienen derechos y estos son. No sacan nada con andar llorando con un pañuelo. Basta de estar diciendo ‘por Dios, cómo me pudo pasar a mí tener un hijo así’”.
Fue el puntapié inicial de un movimiento que creció lento pero seguro. De las escuelas especiales de los años setenta, pasaron, en los ochenta, a organizaciones más amplias, como la Unión Metropolitana de Padres y Amigos de Personas Especiales (Umpade), que llegaría a tener alcance nacional (Unpade). Desde allí establecieron vínculos con numerosas organizaciones internacionales y con el Estado, al que solicitan el compromiso de sacar de la marginalidad a los discapacitados. Para ello se crea el Fonadis, en 1994, órgano que dirigió hasta el año 2000.
Llevas 54 años trabajando temas de integración. ¿Notas cambios en la sociedad frente a la discapacidad? 
-Sí. Hace poco fui a hacer un trámite a las oficinas de la Universidad Católica y llegó una chica con síndrome de Down a repartir cartas. La señora que estaba ahí se dio cuenta de que yo la estaba mirando con otros ojos, y le dije: “yo tengo una chica igual a esa, pero de 54 años. Esto no existía cuando nosotros comenzamos, estaban encerrados”.

Lo que sí ha cambiado es el lenguaje. 
-Sí. El colegio que teníamos, y que existe todavía, se llama Coocende, que significa Cooperativa Centro de Educación Especial para Niños Deficitarios. ¡Niños deficitarios! Después se creó Coanil, que es la Corporación de Ayuda para el Niño ‘Limitado’. El cambio fue de a poco. Cuando salimos fuera de Chile a congresos nos dimos cuenta de que no se usaban esas palabras. En Brasil, a comienzos de los setenta, vimos a un padre hablar de “excepcional” para referirse a su hijo con síndrome de Down. En Chile nadie decía eso. Volvimos y les contamos a los padres que la manera como se nombraba era diferente. Tratamos de ir sacando la palabra mongólico del camino y empezamos a hablar de discapacitados, que después pasó a ser problemático, porque hay que hablar, al revés, de capacidades diferentes. Pero a mí me parece un eufemismo, son formas de menear la cola para que no te la pillen.

¿De dónde viene la palabra mongólico para referirse al síndrome de Down?
-El nombre viene del médico John Langdon Down, que era director de un asilo en Inglaterra, cuando publicó (en 1866) Observaciones sobre una clasificación étnica de idiotas, un título absurdo y además colonialista. Allí tipifica cuatro grupos de pacientes: mongólicos, etíopes, malayos e indoamericanos.

Otra palabra más positiva es “integración”, que defines como un “proceso asociativo que involucra a personas, instituciones o grupos sociales y que presupone actitudes de cooperación para la realización de objetivos comunes”. ¿Cómo se instala esta idea en Chile?
– El año 1969 hubo en Valdivia un seminario importante sobre discapacidad e integración que impartió una socia nuestra. Ahí se dio el gran grito de alerta de que la integración era el caballo de batalla y fuimos aprendiendo que esto no era solo crear escuelas. Pero tomó tiempo.

Sobre todo si la Unpade, tal vez la organización más importante, es del año 1985. ¿Cómo fue ese proceso?
Logramos crear esa sociedad con seis mil padres en todo el país. Algunos tenían la situación para instalar un colegio o un taller, o gestionar que una empresa pudiera incorporar a los niños para algún trabajo. Pero eran islas, no había integración, lo que había eran padres con formación universitaria que se las arreglaban para hacer un colegio en algún rincón. Hasta que a comienzos de los ‘80 hubo un profesor de Estado, don Juan Sandoval Carrasco, que inició toda la actividad de incorporar a estos niños al colegio y a decir que esto tenía que ser oficial. Él movilizó el tema de la formación de profesores y la cosa empezó a ser con títulos universitarios.

¿Cómo fue, en concreto, la integración escolar de los discapacitados? 
En la educación fue donde primero se nos produjo el problema, cuando se hace la ley en 1994, las escuelas se vieron forzadas por un reglamento que venía del ministerio a hacer “lo posible” para integrar a los estudiantes discapacitados. Pero se encontraron con una resistencia de los profesores. Una vez una profesora nos dijo, con justa razón: “yo no puedo aceptar que venga acá un niño ciego, porque no sé cómo enseñarle. Tampoco puedo tener a un niño que no controla esfínteres, porque hay que sacarlo al baño y eso genera distracción en los otros. Entonces les pido, con mucho respeto: no me pongan a un niño así en mi clase, ni menos dos”.

Usted en su libro dice: “por muy deteriorado que esté física, sensorial o mentalmente un niño, todos pueden aprender”.
-Ese es el principio de la integración. Todos van a poder hacer algo. Al cabo de semanas o meses va a aprender a incorporarse en otras cosas. Mi hija sabía poner la mesa, y hubo la oportunidad en la municipalidad de Las Condes de atender en un patio de comidas. Así pudo sociabilizar su actividad con la gente. Fue muy bueno.

Su experiencia de trabajo con la discapacidad está ligada a su hija, que tiene síndrome de Down. ¿Cómo fue abrirse a otro tipo de trastornos?
-A los tres años de actividades, el síndrome de Down dejó de ser la prioridad para mí y empezamos a funcionar con ciegos, sordos, discapacitados físicos, etc. Siempre existió ese mundo, y fuimos conversando con ellos y viendo qué cosas habían logrado. La organización de los ciegos en Chile ya tenía sesenta años, y también la de los sordos, pero estaban separados.

¿Nunca se habían juntado? 
-No. ¿Para qué? Entre ellos no tenían nada que decirse. Los ciegos tienen siempre muy buena labia y son parlanchines, y les contaban a los sordos “¿cómo le ha ido con los negocios?, nosotros vendemos en el Paseo Ahumada…”, y el otro responde “¿quééé?”.

Hablas de los espacios anti-integración, en los que solo hay personas con la misma discapacidad, donde se aíslan más.
-En un viaje tuve la oportunidad de visitar Gallaudet, que era la gran universidad de sordos en los Estados Unidos. Había tres mil alumnos, todos sordos, y capos para la computación. Los veías por los patios y las salas hablando en lenguaje de señas, y en idiomas de varios países. Pero era un espacio anti-integración, porque los sordos, aprendimos esto andando este camino, se aparean con sordas, se compadrean con sordos y hacen buenos negocios, pero con sordos.

¿Por qué pasa eso con los sordos?
-Cuando comenzamos con el Fonadis hicimos los primeros programas con grupos jóvenes para que aprendieran a trabajar en cartonaje. Aprendían en dos meses, los acompañaba un monitor y recibían una paga subvencionada por nosotros. Y con los ciegos se hacía lo mismo. Pero los sordos no se inscribían. Y cuando les preguntamos por qué, se repetía la misma explicación: “Porque queremos trabajar donde haya sordos, en otras partes se ríen de nosotros”. Tenían una suerte de desinterés de meterse al mundo porque el mundo los rechazaba.

¿Era más fácil trabajar con los ciegos?
-Los ciegos tenían una gran capacidad para formular proyectos y una perfecta relación con todos, porque los reconocen por la voz. Pero también tienen problemas. Una vez un ciego nos dijo en el directorio del Fonadis: “En Chile hay dos tipos de ciegos, estamos nosotros que nos sacamos la cresta en la calle y los otros ciegos que tienen un mundo separado, protegido y guiado”.

¿Esto es por diferencias socioeconómicas?
-Exactamente, pero también eran dos generaciones. Los que hablaban ahí eran los viejos. A ellos los habían apaleado en el centro por vender en la calle, en el tiempo del alcalde Ravinet, él decía que por ahí también se metían ladrones. Mandaron a los ciegos a unos departamentos comerciales detrás del Instituto Nacional en los que no entraba nadie. Fue un desastre, hicieron una huelga, y se pusieron firmes: “queremos que le diga al presidente Frei Ruiz-Tagle que si no solucionan este problema nos vamos a tirar al metro. El gobierno le va a tener que responder no solo a Chile, sino al mundo”, me dijeron. Supe después que el metro era considerado por ellos el mejor lugar para suicidarse, porque en la línea que va a Puente Alto no había escaleras ni ascensores, algo fundamental para los que tienen dificultad de movilidad. Me tocó hablar directamente con el Presidente, y dio órdenes muy precisas de adelantar lo más posible esas obras.

CON MUCHO RESPETO
¿Qué es lo que tienen en común los diferentes grupos de discapacitados?
-Que la sociedad no los acepta. Hubo situaciones duras contra las que tuvimos que luchar. Una empleada doméstica que cuidaba a un niño con síndrome de Down una vez nos llamó porque salía todos los días en verano para que el niño jugara en una pileta en el patio del edificio, hasta que vino una vecina y le dijo que tenía que sacarlo de ahí porque a su nieto le producía tensión ver la cara de este niño. Así que muchas veces fuimos vehementes, y había que serlo.

Una manera de cambiar las cosas era hacerlas públicas… 
-Nosotros comenzamos con el día nacional de la discapacidad por el año 1993. Por primera vez la gente vio que los ciegos cantaban y jugaban al fútbol, con una pelota que tenía una campanita muy bien colocada y así sabían adónde iba la cosa. Eran cosas viejas, pero la gente no las conocía, así que aplaudían y si metían un gol casi echaban el arco abajo. Terminaron todos cantando y bailando. Al año siguiente invitamos a los animadores de la televisión. Había gran cantidad de adultos con dificultades ambulatorias, de expresión, etc., y esta gente, con mucho respeto, les dijo: “¿Por qué siempre hacen chistes de gangosos? Ellos son gente nuestra. ¿Por qué, si son tan creativos, siempre le dan a los gangosos? Esos chistes de mal gusto están hiriendo a gente que no puede sacarse esos problemas de encima”. Y fíjate que todos ofrecieron de alguna manera sus disculpas. Fue una catarsis de dos horas.

Usted habla también de la discriminación de parte de los médicos. Una de las primeras demandas de la Unpade era por un mejor diagnóstico y un mejor trato, desde el parto en adelante.
Sí. Un día dije que no me podía quedar callado frente a las estupideces que he escuchado de los médicos. Había mucha insensibilidad de parte de ellos. Recuerdo la de una madre de bajos recursos que había tenido su guagua en el hospital San Borja, a la que no le traían a su hijo para darle de mamar, como ocurría con el resto de las madres. A la mañana siguiente, un estudiante en práctica le entregó la guagua y le dijo, “por qué estai tan contenta si te salió un mongol”.

¿Era una situación generalizada?
Hicimos una encuesta por todo Chile para saber quién les había dado la noticia a las madres de un hijo con discapacidad. Casi siempre era el sacerdote. ¡Cómo era posible que los médicos no estuvieran preparados! Si el niño tiene locura, al manicomio. Si tiene delirio, también, y había cuadros que sencillamente no sabían que existían, como los sordociegos.

También hablas de los estafadores que hacen negocio en nombre de supuestos descubrimientos científicos. 
A mí me pasó. Al comienzo mi señora venía de Concepción a Santiago con la guagua toda la noche para ir a ponerle unas inyecciones, pero mi hija y los otros niños no tenían mejoras en cuatro meses. Así que un papá hizo un análisis en un laboratorio y supimos que lo que inyectaban era agua destilada. También hay un médico brasileño que le cambiaba el rostro a los niños para que les disminuyera los ojos chinitos y les pusiera la nariz respingadita. Otros iban a Europa, porque había una clínica donde les inyectaban neuronas de corderos nonatos, y se quedaban allá tres meses.

Recién mencionaste a los sordociegos. ¿Te tocó conocer a alguno? 
En el Fonadis, un día la secretaria de la oficina me dijo que me buscaba un señor del Perú que era ciego, pero resulta que ¡era ciego y sordo! Él andaba con su hija visitando a un pariente. Les di la bienvenida y él le extendió la mano a su hija y ella se puso a escribir en el brazo con unos golpecitos lo que yo decía, y él le respondió de la misma manera y ella me dijo “mi papá dice que le gustaría saber si en Chile hay alguna organización de sordociegos como la que él preside en el Perú”. Le dije que no, que no conocía ninguna. Yo nunca había pensado en eso. “Mi papá dice que estaría muy contento de enviarles el reglamento de la asociación que tienen allá con el propósito de que lo utilicen acá”, tradujo su hija. Esta situación fue para mí un choque muy grande y me permitió ver que había muchísimas cosas que hacer.

¿Cree que se han hecho avances desde la época del Fonadis hasta hoy?
Estuve los primeros seis años dirigiendo el Fonadis y solamente manejábamos dinero. Partimos sin una defensoría de la persona con discapacidad y hoy en el Senadis eso empieza a aparecer. Empezó también a tener asidero la asistencia social, y un sentido nacional, con oficinas por todo el país para la solución de problemas locales y la entrega de ayudas técnicas. Antes un señor que necesitaba una silla de ruedas tenía que hacer la petición a Santiago, ¡una ridiculez! La ley permitió que todas las municipalidades tuvieran una sección, con el apoyo del Estado, dedicada específicamente a este propósito. El Senadis regionalizó el problema.

*Sergio Prenafeta publicó en 2015 el libro Tatiana, una luz en la penumbra (Ed. Radio U. de Chile), que narra su experiencia a favor de los derechos, la dignidad y la integración de los discapacitados.
Fuente: www.theclinic.cl 
Diego Milos S. 23 Noviembre, 2017


sábado, agosto 05, 2017

Seminario Inclusión Laboral, La Serena...




Primer Seminario sobre Inclusión Laboral de personas con discapacidad

Con una mirada reflexiva y experiencial se dio el vamos al primer Seminario sobre Inclusión Laboral para personas con discapacidad organizado por el Área Social del Departamento de Educación de la Corporación Municipal Gabriel González Videla y la Corporación Taqini. 

La actividad contó con la intervención expositiva de Taqini; del Centro Técnico de Capacitación Laboral y de la Escuela Los Pensamientos de Juan XXIII que pertenece a la Fundación COANIL; del testimonio de la docente Marcela Arancibia González del Colegio para Ciegos Luis Braille; del Área Psicosocial de la Mutual de Seguridad CChC y de la encargada de Mediación Laboral para personas con discapacidad de la Ilustre Municipalidad de La Serena, Francisca Gómez.

En las palabras de bienvenida, el secretario general de la Corporación Municipal Gabriel González Videla, Patricio Bacho Chávez, se refirió a la relevancia de la inclusión, como materia que se implementa a través de una nueva legislación en los distintos sectores de la comuna; pero que sin embargo, la Corporación Municipal de La Serena, ya suma varias iniciativas relacionadas con esta temática.

“La inclusión ha sido un sello característico de la administración del alcalde Roberto Jacob, en el desarrollo de distintas iniciativas respecto a esta materia, dando pasos concretos, a través del desarrollo de talleres, pasantías, intercambios internos, de la reinserción de profesores con discapacidad que han ido integrándose en la labor pedagógica en nuestros propios establecimientos educacionales y los estudiantes que se encuentran participando en distintos proyectos del Gobierno Regional, por los cuales han sido beneficiados”, afirmó.

Por otra parte, el Dr. en Educación, Roberto Castro Boniche, representante de la Corporación Taqini y autor del libro “Historia de la Educación Diferencial en Chile y la Región de Coquimbo, expuso sobre su evolución y la importancia de la sensibilización sobre la inclusión de las personas con discapacidad.

“A través del trabajo bibliográfico que he realizado sobre la historia de la Educación Diferencial en Chile y la región, he obtenido muchos antecedentes respecto a la formación laboral de personas con discapacidad. Por lo tanto, cuando me invitaron a participar de este seminario que busca promover y sensibilizar a distintos estamentos sobre este tema, acepté encantado, exponiendo antecedentes recopilados, durante 3 años de mi tesis doctoral”, explicó.

Además, Boniche, agregó que “el proceso de inclusión es largo y una de sus primeras causas fue la prescindencia hacia las personas con discapacidad, que no podían participar de la vida en comunidad y hasta la actual atención a la diversidad, ya ha pasado mucho tiempo. Por ejemplo, en Chile en materia de educación diferencial, han pasado 165 años y a nivel regional 52 años. Por lo que requiere mayor sensibilización, educación y conocer cómo las personas con discapacidad pueden ocupar un lugar en la sociedad”.

Erika Cerda Tolmo, educadora diferencial y jefe técnico del Centro de Capacitación Laboral “Los pensamientos de Juan XXIII” perteneciente a Fundación Coanil se refirió al trabajo de capacitación laboral que desarrolla esta entidad para personas con déficit intelectual.

“La idea fue compartir nuestra experiencia respecto a la capacitación de inclusión laboral y específicamente nos centramos en el curriculum que impartimos y en sus estrategias, referentes al empleo con apoyo, a través del modelo de competencias laborales que nosotros mismos entregamos. Por lo que explicamos, principalmente, la metodología de trabajo y cómo se realiza también la evaluación y seguimiento de los jóvenes que pertenecen a nuestro centro”, señaló.

La docente de Castellano y Filosofía del Colegio Luis Braille perteneciente a la Corporación Municipal Gabriel González Videla, Marcela Arancibia, quien padece de retinosis pigmentaria, también llamada “ceguera nocturna”, también entregó su emotivo testimonio sobre superación y esfuerzo. 

“Cuando me invitaron a participar en el seminario, consideré necesario mostrar cual es el camino que se recorre y cuando existe la confianza hacia las personas en situación de discapacidad visual de parte de una cabeza directiva, es mucho más fácil, por lo que fue muy emocionante cuando recibí el llamado desde la Corporación Municipal para poder trabajar”, expresó.

La jornada contó, además, con la especial visita de estudiantes de enseñanza básica del Colegio de Río Grande de Caren de la comuna de Monte Patria, quienes realizaban un recorrido por la Intendencia Regional. Finalmente, el seminario se cerró con un conversatorio, sobre las principales temáticas abordadas.

Fuente: https://www.corporacionlaserena.cl/sitio/view_not.php?not=1123646746

martes, agosto 01, 2017

Seminario Inclusión Laboral para personas con discapacidad, La Serena


viernes, agosto 05, 2016

María Carmona, personaje de La Serena, muere en Copiapó...

Profundo pesar en La Serena por muerte de "Loca María"
Una de las personas tradicionales de la historia de la comuna dejó de existir en el Hospital de Copiapò. 


Una de aquellas personajes tradicionales de La Serena falleció. Se trata de María Angélica Carmona Tolmo, más conocida en la comuna serenense como "Loca María" o "María Cuco".
María Carmona dejó de existir en el Hospital Regional de Copiapó, el lunes 1 de agosto a las 12:58 horas, afectada por problemas de salud.  "Loca María" era muy conocida en la comuna, siendo siempre vista en el sector céntrico con una caja de zapatos, pidiendo dinero a automovilistas y transeúntes. 
Gonzalo Cortés, Director Social del Hogar de Cristo regional, institución que la acogió durante su estadía en La Serena, señaló que "estaba en una residencial en Copiapó, relativamente bien, pese a que a veces estaba con familiares, rápidamente quedaba en situación de calle, ya que aparentemente tenía problemas de salud mental" explicó.
Debido a que se escapaba de donde estaba muchas veces. "Durante bastante tiempo estuvo en el programa de acogida del Hogar de Cristo, conocido popularmente como programa Calle, donde los voluntarios se acercan a ellos para insertarlos socialmente", añadió Cortés.
Luego que se fue a Copiapó, estuvo en una residencial que trabaja con el Hogar de Cristo, administrado por las monjitas de Nuestra Señora de Andacollo, donde se le brindó apoyo y tuvo una vida un poco más digna en sus últimos días. María Angélica Carmona Tolmo dejó de existir a los 68 años. Sus restos serían sepultados en dicha comuna. 
Fuente: http://www.elobservatodo.cl/noticia/sociedad/profundo-pesar-en-la-serena-por-muerte-de-loca-maria




lunes, agosto 01, 2016

Relevan libro que rescata los orígenes de la Educación Diferencial en Chile y la región de Coquimbo


Dr. Roberto Castro Boniche



Sr. Patricio Bacho Chávez, Secretario General de la Corporación Municipal Gabriel González Videla, Dr. Roberto Castro Boniche, autor del libro: "Historia de la Educación Diferencial en Chile y la región de Coquimbo", Sra. Marcela Góngora, Directora Colegio Manuel Rodríguez, Sr. Carlos Pizarro, Director del Colegio Héroes de la Concepción de La Serena.

Relevan libro que rescata los orígenes de la educación diferencial en Chile y la región

Obra del profesor y Doctor en Educación fue presentada por la Corporación Municipal Gabriel González Videla a las comunidades educativas de la comuna de La Serena.

Una interesante y necesaria retrospectiva a las acciones que antecedieron al proceso de inclusión que hoy se intenta consolidar en la educación chilena, es la que ofrece el libro “Historia de la Educación Diferencial en Chile y la Región de Coquimbo”, del profesor y Doctor en Educación Roberto Castro Boniche, como resultado de su tesis del Programa de Doctorado en Educación, de la Universidad de La Serena.

El texto fue presentado por la Corporación Municipal Gabriel González Videla a las comunidades educativas de los colegios y liceos municipales de La Serena, por considerarlo un gran esfuerzo de sistematización y de recopilación de las distintas gestiones, tanto públicas y privados que, con errores y aciertos, apuntaron a dar atención a las personas con necesidades educativas especiales, antes de la creación del Programa de Integración Escolar (PIE) y de la reciente puesta en marcha de Ley de Inclusión.

En concurrida ceremonia realizada en el Colegio Héroes de la Concepción, el secretario general de la Corporación Municipal Gabriel González Videla, Patricio Bacho Chávez, hizo entrega a los directores de los establecimientos municipales de este libro que contiene lo más relevante de los 163 y 50 años de historia de la educación diferencial en Chile y en la Región de Coquimbo, respectivamente.

Al respecto, Bacho valoró el que este libro “releve el carácter señero que La Serena ha tenido en materia de educación especial, la que ahora –enfatizó- se grafica bajo la denominación de inclusiva”. 

Y es que La Serena, argumentó, ha escrito parte importante de la historia de la enseñanza especial en la región, a través de sus escuelas Manuel Rodríguez (la primera de la zona que atiende a personas con déficit auditivo e intelectual), Luis Braille (la primera especializada en personas ciegas o con baja visión) y El Milagro (la primera especializada en personas con síndrome del espectro autista), lo que sumado a la existencia del Programa de Integración en 36 de 44 colegios, “nos hace pensar que este sello inclusivo es un elemento diferenciador que proyectará a la educación serenense hacia las próximas décadas”. 

Precisamente esta cualidad es la que el autor del libro destaca en su obra, la que, además, espera, pueda convertirse en una valiosa herramienta de trabajo para los equipos docentes.

“Mi libro pretende visibilizar personas, situaciones, normativas y distintos hechos por los cuales ha transitado la educación diferencial y deja abierta la puerta para continuar rescatando esta parte de nuestra historia”, señaló.

VALORACION

La obra fue ampliamente valorada por los directores de los colegios municipales presentes en la ceremonia. Autoridades como la directora del Colegio Manuel Rodríguez, Marcela Góngora Flores, rescató el que este libro “recopile lo que ha sido la historia de la educación diferencial, desde lo que significa la enseñanza especial totalmente segregada hacia lo que estamos hablando hoy en día sobre inclusión escolar. Así que lo encuentro un tremendo y valioso aporte para el conocimiento público”. 

La actividad, además, contó con un acertado complemento artístico, consistente en la presentación del coro en lengua de señas de los alumnos del Colegio Alfalfares, quienes mediante la interpretación de una bella pieza musical dieron especial realce a la actividad.

Fuente: http://www.corporacionlaserena.cl/sitio/view_not.php?not=231369658 




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