La muerte de la Inspectora en el Instituto Obispo Silva
Lezaeta de Calama es un hecho lamentable y un fuerte llamado de atención sobre la creciente violencia en los
establecimientos educativos de Chile. Este incidente, es calificado como el hecho más grave de
violencia en la educación chilena y refleja
la urgencia de abordar la seguridad y el bienestar de la comunidad educativa.
Posterior a ello, en varias escuelas del país, se han producido incidentes
con armas y amenazas de tiroteos. El caso del estudiante de Calama no es un
caso aislado: hijo único de madre separada, con diagnóstico de autismo grado 1,
depresión, ansiedad y esquizofrenia, repitente de 4° medio, en una escuela
católica particular subvencionada sin Programa de Integración, sin
acompañamiento ni apoyo para estudiantes con NEE. En el caso de Calama, una
víctima que no fue protegida ni apoyada, se convirtió en victimario.
La violencia escolar no es un
fenómeno aislado, sino un reflejo de la sociedad en la que vivimos. La falta de
diálogo, la intolerancia y la normalización de la violencia en la vida diaria
contribuyen a la escalada de incidentes en los colegios. Es fundamental
reconocer que la Escuela es
un espacio de formación y crecimiento, no un lugar de miedo o peligro.
Las Escuelas reciben conflictos que no nacen de ellas,violencias socioeconómicas, problemas de
salud mental, tensiones que vienen de otros ámbitos. Aún así, se les exige que
resuelvan todo: convivencia, bullying, emociones, diversidad sexual, racismo,
redes. Sin tiempo, sin equipos, sin recursos económicos suficientes. No es lo
mismo culpabilizar a la Escuela que preguntarse como la fortalecemos. La
Escuela, muchas veces, es el último espacio donde algo de lo común todavía se
sostiene. Defender la Escuela es reconocer su potencia, pero también sus
límites.
Entre las causas y consecuencias
de la Violencia Escolar se
encuentran:
- Falta de apoyo emocional y
psicológico: Los estudiantes enfrentan desafíos emocionales y psicológicos que
no siempre son abordados adecuadamente, como el aislamiento, desborde, abandono emocional y pérdida de identidad
y sentido.
- Desigualdad y exclusión: La
violencia escolar puede ser una manifestación de la desigualdad y la exclusión
social.
- Falta de comunicación efectiva:
La descalificación, la falta de
empatía, falta de diálogo y comunicación entre estudiantes, profesores y
apoderados puede contribuir a la violencia.
¿Qué se puede hacer?
- Fortalecer la prevención y el
apoyo: Implementar programas de prevención y apoyo emocional y psicológico para
estudiantes y profesores.
- Mejorar la comunicación:
Fomentar la comunicación efectiva y el diálogo entre la comunidad educativa.
- Crear espacios seguros:
Garantizar espacios seguros y respetuosos para todos los miembros de la
comunidad educativa.
El Ministerio de Educación ha informado la aprobación de la nueva Ley de
Convivencia Escolar, que incluye revisión de mochilas y la instalación de
pórticos en control de acceso. Pero la ley debe esperar la emisión del
Reglamento de esa ley, que estará lista en abril de 2027. Además, está en
aprietos por disminuir su presupuesto en 3%. Son 500.000 mil millones de pesos,
equivalente al 50% de la alimentación de JUNAEB para estudiantes pobres o el sueldo de 38.000 profesores.
Cuando una crisis escolar solo se responde con control, inspección y
reacción tardía, el riesgo es evidente:volver a actuar sobre la superficie sin comprender el origen del
desborde.
Se pretende abrir mochilas, pero no abrir el secreto bancario donde se
encubre el crimen organizado. Pueden revisar mochilas, pero no lo que un niño
viene cargando por dentro. Una mochila puede revisarse, una conciencia desbordada
necesita ser leída antes.
Se pretende instalar pórticos detectores de metales, pero no más libros en
las bibliotecas, más actividades deportivas y artísticas, actividades de salud
mental para los profesores en un contexto de naturaleza, donde en muchas
Escuelas son puro cemento y pasto sintético. Y menos actas y papeleos
administrativos que nadie revisa. Y lo más importante, dejar de competir. El
sistema educacional actual entrena a los estudiantes a que estudien por una
nota, por un premio y a los docentes a competir por el bono y eso rompe la
posibilidad de construir comunidad.
Es hora de reflexionar sobre cómo
estamos educando a nuestras futuras generaciones y de tomar medidas concretas
para crear un entorno educativo seguro y respetuoso para todos. La seguridad y
el bienestar de nuestros estudiantes y profesores deben ser nuestra prioridad.
Los
derechos son normas o principios reconocidos legalmente que protegen y
garantizan la dignidad, la libertad y el bienestar de las personas. Estos
derechos pueden ser inherentes a la condición humana o ser establecidos por
leyes y tratados internacionales.
En
general, los derechos se dividen en varias categorías, como los derechos
civiles y políticos (por ejemplo, el derecho a la libertad de expresión, el
derecho al voto), los derechos económicos, sociales y culturales (por ejemplo,
el derecho a la educación, el derecho al trabajo digno) y los derechos
colectivos o de grupos específicos (por ejemplo, los derechos de los pueblos
indígenas, los derechos de los niños). La protección y promoción de los
derechos son fundamentales para el funcionamiento de una sociedad justa y
democrática.
Algunos ejemplos de derechos:
Derecho a la
libertad de expresión:La libertad de expresión
es un derecho fundamental que garantiza que las personas puedan expresar sus
opiniones, ideas y creencias sin miedo a represalias por parte del gobierno u
otras entidades.
Derecho a la educación: Este derecho
garantiza que todas las personas tengan acceso a una educación de calidad y que
puedan desarrollar plenamente su potencial intelectual y personal.
Derecho a la salud: Este derecho establece
que todas las personas tienen derecho a disfrutar del más alto nivel posible de
salud física y mental, así como a acceder a servicios de atención médica
adecuados.
Derecho al trabajo digno: Este derecho
garantiza que todas las personas tengan la oportunidad de trabajar en
condiciones justas y seguras, con un salario adecuado y sin discriminación.
Derecho a un juicio justo: Este derecho
asegura que todas las personas tengan derecho a un juicio imparcial y justo
ante un tribunal competente, con todas las garantías necesarias para su
defensa.
Derecho a la igualdad y no discriminación:
Este derecho establece que todas las personas deben ser tratadas con igualdad y
sin discriminación por motivos de raza, género, orientación sexual, religión, origen
étnico, entre otros.
Estos son solo algunos ejemplos de derechos fundamentales, pero existen
muchos más reconocidos a nivel nacional e internacional que protegen diversos
aspectos de la vida humana y la dignidad.
Los
deberes son las obligaciones, responsabilidades o tareas que una persona tiene
hacia sí misma, hacia los demás o hacia la sociedad en general. Estos
compromisos pueden surgir de diversas fuentes, como las leyes, las normas
sociales, los principios éticos o morales, los roles y responsabilidades
profesionales, entre otros.
Los deberes pueden variar ampliamente según el contexto y las circunstancias
individuales, pero generalmente implican acciones que una persona está moral o
legalmente obligada a realizar, o bien abstenerse de realizar, en beneficio de
otros individuos o del bien común.
Algunos ejemplos comunes de deberes incluyen:
Deberes hacia uno mismo, como cuidar de la salud, buscar el desarrollo
personal y profesional, y actuar de acuerdo con los principios éticos y
morales.
Deberes hacia los demás, como respetar los derechos y la dignidad de
los demás, ayudar a quienes lo necesiten, y contribuir al bienestar de la
comunidad.
Deberes hacia la sociedad, como cumplir con las leyes y normativas
vigentes, pagar impuestos, participar en actividades cívicas y respetar el
medio ambiente.
Los deberes son fundamentales para mantener el orden y la cohesión en
la sociedad, ya que implican un compromiso con el bienestar y los intereses de
los demás, así como con el funcionamiento adecuado de las instituciones y
estructuras sociales.
El
esoterismo es un término que se refiere a enseñanzas, prácticas o conocimientos
que son considerados como secretos, ocultos, misteriosos o reservados para un
grupo selecto de personas. Estas enseñanzas suelen centrarse en aspectos
espirituales, metafísicos o místicos de la realidad, y a menudo implican un
camino de búsqueda interior o desarrollo personal.
El
esoterismo abarca una amplia gama de tradiciones y disciplinas, que pueden
incluir pseudociencias como la astrología, la alquimia, la magia, el tarot, la
adivinación, la numerología, el ocultismo, la cábala y el misticismo judío,
entre otros. Estas prácticas a menudo se basan en símbolos, rituales y
creencias que no son fácilmente accesibles o comprensibles para quienes no
están iniciados en ellas.Y que, no
cuentan con evidencia empírica sólida, hay ausencia de fundamentos científicos
y resistencia al escrutinio público.
Además, el esoterismo también
ha sido objeto de controversia y malentendidos. Para algunos, es sinónimo de
superstición y charlatanería, mientras que para otros es una fuente legítima de
sabiduría y conocimiento. La verdad es que el esoterismo es un fenómeno
complejo y multifacético que desafía fácilmente las simples categorías. Aunque algunas
de estas prácticas pueden tener raíces históricas o culturales significativas,
su validez desde una perspectiva científica es generalmente cuestionada debido
a la falta de evidencia empírica que las respalde. No existen las evidencias
esotéricas.
Uno de los mayores problemas del esoterismo es su propensión a la
explotación y el engaño. Muchos charlatanes se aprovechan de la credulidad de
las personas vendiendo productos o servicios supuestamente basados en
conocimientos esotéricos, pero que en realidad carecen de validez y eficacia:
la Cadena de los 11 poderes, amarres sentimentales, corrección de disfunciones
sexuales, adivinaciones, lectura de tarot, amuletos, etc. Esto puede llevar a
la pérdida de tiempo, dinero y, en casos extremos, incluso a daños físicos o
psicológicos.
El esoterismo también puede tener implicaciones negativas en términos
de salud mental y bienestar emocional. Al promover la idea de que existe un
conocimiento secreto al que solo unos pocos tienen acceso, se alimenta un
sentimiento de exclusividad y superioridad que puede llevar a sentimientos de
alienación y desesperanza en aquellos que no se consideran parte de esa élite
esotérica.
Algunos aspectos del esoterismo, como ciertos principios filosóficos o
enseñanzas espirituales, pueden contener sabiduría y conocimientos que resuenan
con las experiencias humanas y que pueden ofrecer perspectivas valiosas sobre
la vida y la existencia. Sin embargo, es importante diferenciar entre la
sabiduría espiritual y las afirmaciones pseudocientíficas que a menudo se
encuentran en el ámbito esotérico.
En última instancia, el
esoterismo es un viaje de autodescubrimiento y exploración de lo desconocido.
Ya sea que uno se sienta atraído por las artes adivinatorias, la magia ritual o
la búsqueda de la iluminación espiritual, el esoterismo ofrece un camino
fascinante hacia una comprensión más profunda de nosotros mismos y del mundo
que nos rodea. Como cualquier viaje de descubrimiento, puede ser tanto
desafiante como gratificante, pero siempre está lleno de la promesa de
aventuras y revelaciones inesperadas.
El rito es una práctica
arraigada en la historia y la cultura de la humanidad, desempeñando un papel
fundamental en la vida de las sociedades desde tiempos inmemoriales. Su función
trasciende lo meramente ceremonial, adentrándose en el ámbito de lo simbólico,
lo social y lo psicológico.
En primer lugar, los ritos
cumplen una función de cohesión social. A través de ellos, las comunidades
refuerzan su identidad colectiva y establecen vínculos emocionales entre sus
miembros. Estas ceremonias, ya sean religiosas, cívicas o familiares, sirven
como puntos de encuentro donde se fortalecen los lazos comunitarios y se
transmiten los valores y tradiciones de generación en generación.
Por otro lado, los ritos
también desempeñan un papel crucial en la estructuración del tiempo y el
espacio. Establecen momentos y lugares sagrados, marcando hitos en la vida
individual y colectiva. Desde el nacimiento hasta la muerte, los rituales
acompañan los principales acontecimientos de la existencia humana, otorgándoles
significado y trascendencia.
Además, los ritos proporcionan
un sentido de orden y previsibilidad en un mundo muchas veces caótico y
desconcertante. Siguiendo un conjunto de acciones preestablecidas, las personas
encuentran seguridad y consuelo en la repetición de gestos y palabras que han
sido practicados por generaciones.
Desde una perspectiva
psicológica, los rituales también pueden funcionar como mecanismos de control
del estrés y la ansiedad. Al proporcionar un marco estructurado para enfrentar
situaciones difíciles o desconocidas, ayudan a las personas a sentirse más
seguras y en control de sus vidas.
Por tanto, la función del rito
es multifacética y compleja. Desde fortalecer la cohesión social hasta
proporcionar consuelo emocional y sentido de pertenencia, los rituales
desempeñan un papel vital en la vida de las sociedades y en la experiencia
individual de sus miembros. Son expresiones profundamente arraigadas de la
condición humana, reflejando nuestra necesidad innata de conexión, significado
y trascendencia.
El progreso y la dignificación de los pueblos y sus implicancias éticas y sociales
El progreso y la dignificación de
los pueblos son dos aspiraciones fundamentales en cualquier sociedad que busca
alcanzar un desarrollo humano integral y sostenible. Sin embargo, detrás de
estos objetivos se esconden importantes implicancias éticas y sociales que
merecen ser analizadas y consideradas cuidadosamente.
En primer lugar, el progreso debe ser medido no solo en términos económicos, sino también en términos de equidad y justicia social. Es crucial que el avance tecnológico y económico no beneficie únicamente a unos pocos privilegiados, sino que contribuya al bienestar de toda la sociedad. Esto implica la necesidad de políticas que promuevan la inclusión y la redistribución de la riqueza, así como el acceso equitativo a oportunidades educativas y laborales.
No obstante, este progreso
también puede generar desequilibrios y desigualdades si no se aborda de manera
ética y equitativa. La concentración de la riqueza en manos de unos pocos, la
explotación de recursos naturales sin considerar su impacto ambiental y social,
y la exclusión de sectores vulnerables de la población son solo algunos de los
dilemas éticos que pueden surgir en el camino hacia el progreso.
Además, es importante tener en
cuenta las implicancias éticas del progreso tecnológico. Si bien la innovación
puede traer consigo numerosos beneficios, también plantea dilemas éticos,
especialmente en áreas como la inteligencia artificial, la biotecnología y la
manipulación genética.
Es fundamental que se establezcan
marcos éticos y legales sólidos para guiar el desarrollo y el uso de estas
tecnologías, garantizando que se respeten los derechos humanos y se eviten
posibles consecuencias negativas, como la discriminación, la pérdida de
privacidad y el aumento de la desigualdad.
Desde una perspectiva social, el
progreso debe ir de la mano con la dignificación de los pueblos, que requiere el
reconocimiento y respeto de sus derechos culturales, territoriales y humanos, siendo
esencial el reconocer y respetar la diversidad cultural y la autonomía de las
comunidades locales, garantizando que todas las personas sean tratadas con
respeto y dignidad, independientemente de su origen étnico, género, orientación
sexual o condición socioeconómica. Esto implica eliminar las barreras que
limitan el acceso a oportunidades y recursos, así como promover la
participación ciudadana y el empoderamiento de las comunidades en la toma de
decisiones que afectan sus vidas, fomentando el respeto por los derechos
humanos, la preservación del medio ambiente y el desarrollo sostenible,
teniendo en cuenta las necesidades y aspiraciones de cada comunidad.
Por tanto, el progreso y la dignificación de los pueblos están estrechamente interrelacionados y tienen importantes implicancias éticas y sociales. Para lograr un desarrollo verdaderamente humano y sostenible, es necesario abordar estos desafíos de manera integral, promoviendo valores como la justicia, la equidad, la solidaridad y el respeto por la dignidad humana en todas las dimensiones de la vida social, económica y política. Solo así podremos construir un mundo más justo, inclusivo y digno para todas las personas.
La
educación en Chile es un tema crucial que ha generado intensos debates a lo
largo de los años, en el que sobran los diagnósticos. Si bien el país ha
logrado avances notables en términos de acceso a la educación, persisten
carencias y desigualdades significativas que deben abordarse para asegurar un
desarrollo sostenible y equitativo.
Una
de las principales carencias es la disparidad en la calidad de la educación
entre las diferentes regiones y estratos socioeconómicos. Estas brechas se
reflejan en la infraestructura de las Escuelas, la capacitación docente y los
recursos educativos disponibles. Hoy no existe una Política Nacional de
Educación: para un sector, la educación es un derecho que se debe garantizar,
para otro sector, es un bien de consumo. Es esencial implementar una Política
Nacional de Educación, garantizada constitucionalmente, que reduzcan las desigualdades
y garanticen un acceso equitativo a una educación de calidad en todo el país.
Además,
hay una falta de enfoque en el desarrollo de habilidades blandas y competencias
socioemocionales. La educación no debe limitarse a la transmisión de
conocimientos académicos; también debe fomentar la formación integral de los
estudiantes, preparándolos para enfrentar los desafíos del presente siglo. La
creatividad, la resiliencia y el pensamiento crítico son habilidades esenciales
que deben ser cultivadas desde las etapas iniciales de la educación. Además, en
las Escuelas no se enseña a emprender, finanzas personales, invertir, controlar
el estrés, liderazgo, salud mental, desarrollo personal y oratoria, entre
otros.
No
obstante, a pesar de estas carencias, Chile cuenta con oportunidades
significativas para dar un gran salto hacia el futuro en materia educativa. La
digitalización y la tecnología pueden ser aliadas clave para mejorar la calidad
de la enseñanza, proporcionando acceso a recursos educativos innovadores y
personalizados. Además, la colaboración entre el sector público y privado, así
como la participación activa de la sociedad civil, pueden ser motores para
impulsar reformas educativas integrales.
Es
imperioso que las políticas educativas se centren en la formación y actualización
de profesionales altamente capacitados, en la revisión constante de los métodos
y técnicas de enseñanza y en la promoción de un ambiente inclusivo y diverso en
las aulas. El fomento de la investigación educativa y la adaptación continua a
las necesidades cambiantes de la sociedad son esenciales para construir una
base sólida para el desarrollo educativo en Chile.
Por
tanto, se hace necesario, abordar las carencias y aprovechar las oportunidades,
en que el sistema educativo chileno requiere un enfoque integral y
colaborativo. Solo a través de esfuerzos concertados, tanto a nivel
gubernamental como comunitario, se podrá garantizar un sistema educativo que
prepare a las generaciones futuras para enfrentar los desafíos y aprovechar las
oportunidades del mundo en constante cambio.
Profesor, Master en Ciencias de la Educación, Doctor en Educación especialista en Mediación Pedagógica, Consultor en Gestión Escolar y Gerente de CByA Consultores en Educación y Cultura Ltda.